Hace mucho tiempo, una pequeña población moría de sed. Desde hacía años había padecido una terrible sequía. Primero el agua no fue suficiente para dar de beber al ganado, después no fue suficiente para regar los campos, y finalmente fue insuficiente para las personas.
Los sabios del pueblo tenían cesiones durante días enteros para ponerle una solución al problema.
Finalmente se acordó un sacrificio.
Se decía que el }dios de la lluvia vivía solo en el reino del agua porque era tan vil y monstruoso que ninguno de los otros dioses deseaba acercarse le.
— Si le conseguimos una novia para que se case —mencionó uno de los ancianos —entonces será feliz y hará llover sobre nuestro pueblo.
Toda la población se enfrascó en la búsqueda de la doncella más hermosa del pueblo.
La encontraron en una muchacha de dieciséis años, de cabellos largos, finos y negros, con ojos color avellana pero con forma almendrada. En su idioma, su nombre significaba Brillo y Bondad.
Ella cuidaba de su padre y de su hermana menor, por eso, no se negó cuando le pidieron ser la novia del Dios de la Lluvia, pues era para el bien de la aldea y su familia.
El día de su boda la atiborraron con joyas y ropajes finos y se le envió en una pequeña barca a mas abierto, donde se esperaba que el Dios de la Lluvia reclamara su obsequio.
Brillo y Bondad esperó y esperó, cuando estuvo a la mitad del mar y la orilla de la aldea no se podía ver ya más, a que el Dios de la Lluvia llegara por ella, pero después de horas y horas nada pasó.
—Tal vez el Dios de la Lluvia no cree que soy lo bastante buena para él —pensó Brillo y Bondad —Tal vez los sabios ancianos se equivocaron y el Dios de la Lluvia no quiere una novia.
Entre más pasaba el tiempo, más reflexionaba sobre el porqué el Dios de la Lluvia no había aparecido y comenzó a preocuparse.
—¿Y si no puedo hacer que con esto llueva sobre mi pueblo? ¿Y si mi padre y mi hermana mueren por culpa de la terrible sequía?... —Estaba tan cansada, tenía tanto frío, sueño y hambre — Tal vez el Dios de la Lluvia no exista en realidad, o peor. Tal vez sea como dicen, un monstruo vil y cruel a quien no le importaría que una aldea entera, llena de personas inocentes, muera por causa de su egoísmo.
Pero a Brillo y Bondad le costaba pensar así, ella no solía juzgar a las personas sin conocerlas, no lo creía justo. Y después de un rato, sin poder hacer nada más, se echó a llorar.
—Por favor Dios de la Lluvia... —sollozó Brillo y Bondad hundiendo su cara en sus manos —Por favor atiende a mis suplicas. No me conoces, pero te pido por piedad hagas llover sobre mi aldea, para que mi gente pueda beber; y dar de beber a sus animales; y pueda regar sus campos; y así acabe esta horrible sequía. Tengo una hermana pequeña y un padre enfermo, si no llueve, ellos no sobrevivirán. Por favor, por favor... —y llorando se postró al suelo de la barca.
Ahí oró hasta quedar dormida.
Cuando despertó una densa niebla rodeaba toda la barca. Brillo y Bondad miró hacia todas partes, pero lo único que pudo percibir fue un lirio acuático, florecido y solitario, que yacía junto a su barca.
Ella no se explicaba por que aquella flor estaba ahí, aquél era un mar y los lirios crecían en lugares de agua dulce.
Observó como la flor se marchitaba de a poco, producto de la sal, y decidió sacarla de ahí. Ya en sus manos la contempló por un momento.
—¿Por qué estás tan solo pequeño Lirio? El mar no es un lugar para una flor tan hermosa como tu. No te preocupes, yo te protegeré y cuando el Dios de la Lluvia venga por mi, tu y yo nadaremos en aguas dulces.
Brillo y Bondad rodeo el Lirio con ambas manos y lo llevó al lado de su corazón.
Inexplicablemente comenzó a llover.
Se desembocó una gran tormenta en el mar y en la aldea llovió durante tres días. La lluvia bañó los campos y fue suficiente para llenar a tope todos los pozos que había en el lugar. A la orilla de la aldea, en la arena de la playa, se encontraban los restos de madera de una pequeña barca.
Cuando Brillo y Bondad despertó de nuevo se encontraba en el interior de un hermoso palacio, todo él tallado en jade, con detalles en plata y marfil.
—Bienvenida, Brillo y Bondad, a tu nueva casa en el reino del agua —dijo un hombre apuesto, y revestido con finos atuendos.
—Pero yo...¿Cómo...? —Exclamó Brillo y Bondad, sorprendida.
—Confiaste en mi, a pesar de que no me conocías. Creíste que iría por ti a pesar de que nadie te lo aseguró, y esperabas que le devolviera el agua a tu pueblo. Además me salvaste cuando me encontraba tan solo como un simple lirio.
«Hace mucho, triste por todas las personas que morían en los lagos decidí convertirme en lirio por las noches, para que mis raíces salvaran a los desafortunados que se bañaban en los lagos a deshoras.»
—Entonces tu eres...
—Así es. Yo soy el Dios de la Lluvia. Y tu me has demostrado que tienes un corazón realmente puro y digno. Por eso te tomaré como esposa y toda tu aldea te reconocerá como la doncella que los salvó de una terrible sequía por interceder ante El Dios de la Lluvia.
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